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1912 — 1975

Una vida
en cuatro tiempos

De los primeros años como alto mando falangista al disidente que dedicó el grueso de su vida a la oposición al franquismo, muriendo cinco meses antes que Franco, sin llegar a ver la democracia por la que trabajó. El relato de un hombre íntegro, que cambió pero jamás ocultó su pasado.

I

Orígenes

1912 — 1932

El Burgo de Osma, el romancero de la abuela, la formación.

Dionisio Ridruejo Jiménez nace en el Burgo de Osma (Soria), en 1912. Hijo de un comerciante y banquero rural y de su sobrina, pasa sus primeros años en El Burgo de Osma, una villa de unos cuatro mil habitantes. De su abuela Justa recibe por vía oral el romancero viejo y nuevo, lo que despierta su gusto por la poesía. Desde los nueve años va cursando su educación en internados católicos en distintas ciudades como Valladolid y Segovia, donde fue alumno de francés de Antonio Machado; la impronta del maestro quedó grabada y Dionisio mantendría toda su vida una gran admiración por el poeta. En 1928 empieza a estudiar Derecho en El Escorial. Es un alumno mediocre. Decide ante sí mismo que es, ante todo, un escritor, y lo hace en un ambiente de creciente sobreexcitación política. Descubre a Proudhon y a Marx, y se pone del lado de la República, enfrentándose a sus maestros y a su familia.

II

Juventud: la Falange

1933 — 1941

Inicios, Jefe de Propaganda, el himno, la División Azul. El punto más oscuro.

Después entra, desilusionado, en una fase de apatía política, hasta que, excitado por el Manifiesto futurista de Marinetti y por la lectura de Genio de España, de Giménez Caballero, se siente atraído por el fascismo. En 1933, se afilia a Falange Española. En aquel entonces le pareció un partido a su medida: “Ni derechas ni izquierdas, sino todo junto: sagradas tradiciones y revolución igualitaria”. Tenía veintiún años.

En 1935 se ve introducido en el selecto círculo de José Antonio Primo de Rivera. Participa en la creación del himno del partido con dos versos: “Volverán banderas victoriosas / al paso alegre de la paz”. El golpe de Estado de julio de 1936 lo sorprende en Segovia. Se convierte enseguida, a los veinticuatro años de edad, en un jerarca falangista, en gran medida por ser un orador brillante. (“Entré en la política de gestión cogido por mi propia palabra”). A finales de 1936, Manuel Hedilla lo nombra jefe de la Falange vallisoletana, en sustitución de Andrés Redondo.

El 19 de abril de 1937, Franco firma el decreto de Unificación: las organizaciones políticas se funden en un partido único, Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista, bajo su mando. Ridruejo se encuentra en casa de Hedilla cuando éste es detenido por haber tratado de imponer algunas condiciones, y se enfrenta con Franco a continuación, tachando la detención de Hedilla de acto de irresponsabilidad política y diciéndole que la Unificación, tal como la ha planteado, por decreto, implica un “golpe de Estado a la inversa” y que, en definitiva, ha creado un “monstruo” —el partido único— matando para ello dos fuerzas vivas, el falangismo y el tradicionalismo. Al final, gracias a Serrano Suñer, Franco se aviene a “negociar” con los falangistas “puros”, cuya representación recae en Ridruejo. Éste acaba aceptando el razonamiento de Serrano Suñer: primero había que ganar la guerra, luego vendría la revolución nacional-sindicalista, desde arriba. Y actúa sobre el supuesto de que Franco —de alguna manera— había prometido esa revolución.

Es nombrado jefe de Propaganda, y se rodea de un equipo en el que se encuadran, entre otros, Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero, Josep Pla, Ignacio Agustí y Pedro Laín. Como jefe de Propaganda, Ridruejo deja su impronta en algunos ceremoniales del Estado naciente, pero no consigue que Franco se someta al Partido.

Al término de la Guerra Civil, funda, con Pedro Laín Entralgo, la revista Escorial, una publicación falangista de difícil acomodo en las coordenadas oficiales. Escorial rescata la figura de Antonio Machado (Ridruejo prologa igualmente la edición de sus obras) y acoge a intelectuales que, en plena posguerra, parecían condenados al silencio (Marañón, Menéndez Pidal, Marías, Zubiri). Como era de esperar, el proyecto no tendrá largo recorrido. A continuación, Ridruejo se alista en la División Azul, en parte para demostrar su hombría a quienes le desdeñan por haber ocupado un puesto en la retaguardia en la Guerra Civil. Como soldado raso, lucha en el frente del Este. La experiencia, a sesenta grados bajo cero, es durísima. Según propia confesión, vuelve de Rusia “deshipotecado”, libre para disponer de sí mismo.

III

El giro

1942 — 1955

La carta de renuncia, el confinamiento, la autocrítica; Roma y el liberalismo; los intentos de reforma «desde dentro».

Ya convencido de que Franco no tiene el propósito de apadrinar una revolución nacional-sindicalista, Ridruejo, sin esperar el resultado de la contraofensiva alemana de 1942, le escribe una carta en que renuncia a todos sus cargos (consejero nacional, miembro de la Junta Política…) y expone que el Régimen no es más que un simulacro falangista, y que Franco no debe considerarlo uno de sus incondicionales. La policía lo detiene. Le esperan cinco años de confinamiento, primero en Ronda y luego en Cataluña, en muy precarias condiciones materiales (su familia se había arruinado). Es un período de reflexión y de autocrítica, favorecida ésta por el trato asiduo con el grupo catalán que publicaba la revista Destino. En julio de 1944, contrae matrimonio con Gloria de Ros Ribas.

En noviembre de 1948, llega a Roma como corresponsal de la agencia Pyresa. La experiencia italiana es decisiva, por cuanto le permite familiarizarse con el potencial de la democracia y convertirse —de la mano de Benedetto Croce— al liberalismo. En 1950 se le concede el Premio Nacional de Literatura por su libro En once años. Se le está ofreciendo una oportunidad de reconciliarse con el Régimen. Él toma varias decisiones: regresar a España, no aceptar ningún cargo oficial, y trabajar con la vista puesta en la democracia.

Sus primeros pasos en sentido aperturista coinciden con los de Martín Artajo y Joaquín Ruiz Giménez, ambos respaldados por el propio Franco, entonces deseoso de complacer a las cancillerías occidentales con aires de liberalización; pero muy pronto Ridruejo desborda ese proyecto oficial.

En 1952, con el apoyo del industrial catalán Alberto Puig Palau, saca en Barcelona Revista, en la que publica, entre otros, un artículo titulado “Excluyentes y comprensivos”, que viene a alentar el intento de apertura impulsado por el ministro Ruiz-Giménez. En junio del mismo año, es uno de los organizadores del Primer Congreso de Poesía celebrado en Segovia, bajo el patrocinio de Joaquín Pérez Villanueva, director general de Enseñanza Universitaria, y al que asisten figuras tan relevantes como los catalanes Carles Riba, Foix, Perucho, Marià Manent, Teixidor o Permanyer, que establecen diálogo y relación con Gerardo Diego, Aleixandre, Laín, el propio Ridruejo, Rosales, Panero, Vivanco, además de poetas extranjeros. En años sucesivos, el Congreso de Poesía se celebra en Salamanca y Santiago.

IV

Madurez: la oposición

1956 — 1975

Carabanchel, el PSAD, Múnich, el exilio, la USDE. La democracia que no llegó a ver.

En 1956 apadrina en la Universidad Complutense de Madrid un movimiento de recogida de firmas a favor de la democratización y la liberalización del Sindicato Español Universitario (SEU). Los inmovilistas salen violentamente al paso de ese movimiento estudiantil. Ridruejo es encarcelado por un mes, pierde su trabajo (había sido director de Radio Intercontinental, una emisora privada) y ya no se vuelve a hablar de él como candidato a ocupar un sillón de la Real Academia Española. En la cárcel de Carabanchel, comparte vivencias con los líderes estudiantiles que han sido arrestados con él, como Enrique Múgica, Ramón Tamames, Javier Pradera o Fernando Sánchez-Dragó. Se consumaba su segunda ruptura con el franquismo.

Funda el Partido Social de Acción Democrática (PSAD) y no tarda en volver a la cárcel de Carabanchel, esta vez por unas declaraciones a la revista Bohemia, de La Habana: “Muchos de los que fuimos vencedores nos sentimos vencidos. Queremos serlo”. El falangista se había convertido en un socialdemócrata. En 1961 sale en defensa de José Bergamín, que ha regresado a España y es duramente atacado por Juan Ignacio Luca de Tena por un artículo publicado en Chile. Las cartas de Dionisio a Luca de Tena son reproducidas en prensa fuera de España.

Fue uno de los impulsores del Congreso de Múnich, aquí llamado despectivamente “Contubernio de Múnich” (1962), por el cual se condicionó el ingreso de España en la Comunidad Europea a un restablecimiento de las libertades. Privado de pasaporte, tuvo que cruzar clandestinamente los Pirineos para acudir a la cita de la oposición en Múnich. Ante la reacción del régimen, tras el congreso permaneció exiliado en París hasta 1964.

En París se afirman definitivamente sus relaciones políticas y de amistad con figuras del exilio republicano y socialista. Tras la ejecución de Julián Grimau en 1963, publica en Le Monde un artículo titulado “La guerra continuada”, en el que expone que el estado de guerra continuada es la explicación del cruel fusilamiento, que “define, en primera instancia, la naturaleza del régimen español. Desde este punto de vista hay que rechazar la idea de que el caso de Grimau sea excepcional. La situación de guerra continuada ofrece una serie ininterrumpida de casos semejantes, aunque no siempre tan trágicos. Es un sistema por el que regularmente el poder personal impone al automatismo simple de la justicia militar la represión del enemigo político”.

Dionisio regresa a España en 1964, cruzando la frontera a pie, furtivamente, pues decide que nadie tiene derecho a impedirle vivir en su país. La policía lo detiene cerca de Bilbao y, a punta de pistola, lo devuelve a Francia. Sin embargo, al día siguiente vuelve a intentarlo y logra llegar a su casa de Madrid. Una vez allí, dirige una carta al director general de Seguridad para comunicarle que se encuentra en Madrid porque es su derecho. De nuevo acaba en la cárcel de Carabanchel, acusado de propaganda ilegal, por lo de Múnich, por haber condenado la ejecución de Grimau y por su libro Escrito en España. Es condenado a seis meses de prisión. Sin embargo, al cabo de cierto tiempo queda en libertad condicional: para el régimen es un prisionero muy incómodo (su situación despierta la solidaridad de intelectuales a nivel internacional, desde Sartre a John Dos Passos).

En diciembre de ese mismo año, participa en el Coloquio Cataluña-Castilla, que tuvo lugar en L'Ametlla del Vallès, provincia de Barcelona. Se trataba de una reunión de diversos intelectuales catalanes y castellanos para debatir e intercambiar ideas sobre posibles acciones por la cultura y la lengua catalanas.

En enero de 1965, se publica en París el primer número de la revista Mañana, promovida por Dionisio Ridruejo. En la cabecera, junto al título, se indica que la revista “se edita en París porque no puede editarse todavía en Madrid”. En febrero tiene lugar la Asamblea Libre de Estudiantes y su marcha encabezada por José Luis Aranguren, Tierno Galván y otros profesores reclamando la libertad sindical y de expresión, entre otras cosas. Dionisio firma la carta dirigida al ministro de Información contra las sanciones a profesores y adhiriéndose a sus peticiones, y posteriormente participa en otro escrito a su favor.

Este demócrata que se expresaba como tal sin ningún miedo a las consecuencias, abrió vías de comunicación entre las diversas corrientes de la oposición, trabajando siempre en la idea de una alianza general contra el régimen por medio de reuniones, encuentros y correspondencia con distintos sectores de la oposición, incluyendo socialdemócratas, socialistas y antiguos republicanos, que en ocasiones le recibían con recelo para luego constatar su sinceridad e integridad. En 1967 intentó reactivar el PSAD, muy decaído desde el Congreso de Múnich y el exilio de algunos de sus miembros, con una serie de reuniones para acordar una declaración de principios de lo que entonces llaman Acción Social Democrática.

Entre 1968 y 1970 se traslada a Estados Unidos como profesor de literatura española en la universidad de Austin (Texas) y en la de Madison (Wisconsin), donde puede vivir un tiempo sin la constante vigilancia del Estado. Allí participa en el Festival Internacional de Poesía de la Universidad de Texas, junto con Octavio Paz y Jorge Luis Borges.

De vuelta a Madrid y a pesar de su salud en deterioro, retoma las iniciativas políticas. En diciembre de 1970 es uno de los firmantes de un escrito “A la opinión pública” contra las penas de muerte que pedía la fiscalía en el Proceso de Burgos. Unos días después, dirige una carta al capitán general de Burgos, García Rebull, en la que rechaza las penas de muerte y cuestiona que el proceso a los militantes de ETA se haya encomendado a la justicia militar.

En los siguientes años, sigue trabajando en su viejo empeño de formar un bloque unitario entre todas las fuerzas políticas de oposición, tanto en el interior del país como en el exterior, tratando siempre de establecer vínculos entre diferentes grupos.

En octubre de 1972 comparece ante el Juzgado de Orden Público acusado de propaganda ilegal por sus declaraciones en la revista Índice, número que fue secuestrado (parte de esa entrevista se publicaría unos meses más tarde en Nueva York, en la revista Ibérica que dirigía Victoria Kent). En abril de 1973 asiste en México al homenaje a León Felipe celebrado en el bosque de Chapultepec, con el presidente Luis Echeverría por anfitrión. Había sido invitado, junto con otros intelectuales españoles.

En 1974, viendo que no es viable la gran alianza de partidos y grupos democráticos —y especialmente la unión de la oposición interior con la oposición en el exilio, tras la constitución de la Junta Democrática de París por Carrillo—, funda la Unión Social Demócrata Española (USDE), que reúne a socialdemócratas, social-católicos y socialistas no marxistas, con Fernando Chueca Goitia y otros. Fernando García Lahiguera lo cuenta así: «El 17 de octubre, celebramos una rueda de prensa con los medios informativos extranjeros —agencias de noticias y corresponsales de los principales rotativos de Europa y América. Dionisio condujo la sesión informativa con su claridad y brillantez características, con el sentido de convicción que sabía dar a sus palabras y sin que faltara ese punto de sutil galanura que hacía tan atractivas sus intervenciones. Cuando el corresponsal de la agencia Reuter le preguntó si podía dar los nombres de los miembros de la Junta Directiva y si ello no crearía problemas personales ante el aparato oficial español, Dionisio respondió: ‘Somos personas comprometidas que han aceptado los riesgos que comporte actuar como ciudadanos activos. Además —añadió humorísticamente—, sus crónicas y la eventual acción de la policía pueden sernos de gran utilidad publicitaria’. Esa misma noche, la BBC de Londres daba los nombres de los promotores de USDE y al día siguiente la prensa extranjera se ocupaba ampliamente del tema. Con ese acto, USDE era el primer partido político de oposición que, desde 1939, se presentaba públicamente como tal dentro de España».

Igualmente, sigue en negociaciones para crear una plataforma más amplia, y el 26 de noviembre, en una reunión que trataba de agrupar a quienes habían quedado fuera de la Junta Democrática de París (PSOE, UGT, USDE, Izquierda Democrática, Federación Popular Democrática) con vistas a crear lo que más tarde se llamaría “Plataforma de Convergencia Democrática”, es arrestado por la Brigada Político-Social junto a Felipe González, J.M. Benegas, Josep Pallach, J.M. Gil Robles jr. y otros. Los detenidos son puestos en libertad en breve.

En abril de 1975, ante su alarmante estado de salud, amigos y compañeros organizan un homenaje en el hotel Mindanao de Madrid, con la excusa de la presentación esa tarde del segundo volumen de la guía de Castilla la Vieja. La propia convocatoria para la cena va firmada por una larga lista de intelectuales, artistas y políticos: Juan Benet, Fernando Álvarez de Miranda, Antonio Buero Vallejo, Fernando Baeza, Camilo José Cela, José Caballero, Fernando Chueca, Pedro Laín, José Antonio Maravall, Julián Marías, Antón Menchaca, Antonio Mercero, Antonio Mingote, José Ortega Spottorno, Benjamín Palencia, Jesús Prados, Eusebio Sempere, Fermín Solana, Gonzalo Torrente Ballester, Antonio Tovar, Rodrigo Uría, Luis Felipe Vivanco y otros muchos. Asisten a la cena unas quinientas personas.

Tras escuchar las distintas voces que toman la palabra, Dionisio concluye así su discurso: «Nuestra voz es una, pero deben sonar otras muchas, todas las que el pueblo español tiene como suyas —digo voces y debo decir también lenguas— para sentirse dueño de sí mismo. Porque aquí, donde hoy estamos juntos, la esperanza que me gana sobre todas no es la de ser un exponente, un dirigente o un indicador, sino, ante todo y sobre todo, el hombre que pueda sentirse completo incorporándose a la corriente emocional de un pueblo en pie que afirma su decencia en la práctica de la libertad —esta que ahora tomamos porque es nuestra— para la realización de la justicia».

En mayo la revista Litoral publica un número homenaje en el que se incluye su último poemario, En breve, que ya nunca se ha vuelto a publicar.

Dionisio Ridruejo fallece en Madrid, el 29 de junio de 1975.

«Nuestra voz es una, pero deben sonar otras muchas, todas las que el pueblo español tiene como suyas… para sentirse dueño de sí mismo.»

Hotel Mindanao, Madrid, 15 de abril de 1975

Dionisio Ridruejo falleció en Madrid el 29 de junio de 1975.

Reseña biográfica por Manuel Penella y Cristina Ridruejo