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← Poesía Los primeros días · 1958

Tranco imaginativo · 1958

Los primeros días

Idilios de la hija reciente

Idilios de la hija reciente

Jugar, jugar contigo, cosa mía
cosa que me responde
sin besar ni decir, riendo solo,
mordisqueando, asiendo tibiamente,
enamoradamente siendo cosa,
cosa buena y pasiva
que purifica el tacto
y hace otra nueva de la carne antigua,
fresquísima, inocente.
Cosa que se resoba y se gusta y se mira
y mete por los sentidos rosas, azucenas, palomas
y cachorrillos de tigre por los dientes blandos,
y por los sentidos llega al corazón
llenándolo de miel y de mañana clara
y de lágrimas con el arco iris;
de mañana con pájaros irremediablemente cantores,
de miel y lágrimas que es necesario dar.
Jugar, jugar contigo
jugar a equivocar tu carne con mi alma,
jugar a esconderte en cada latido,
jugar a ser instante y juego solo.

Llevamos —tiene dos asas—
nuestro mundo recién hecho,
sencillo porque nos basta
un nido de esparto y sueño.
Llevamos en el capacho
un poco de pluma y lienzo,
un poco de carne tibia
y corazón repitiendo.
Lo llevamos en los trenes
que van remachando hierro,
corriendo el campo. En las barcas
que buscan playa y sosiego,
mecedoras. O en los aires
donde una cumbre es un viento
que lleva y tiene: una cueva
llena de fragor y tiempo.
Lo llevamos con nosotros
balanceando y temiendo.
A veces viene cerrado
—nuestro mundo— sordo, ciego.
A veces viene sonando
con burbujas, entreabierto.
Todo en un poco de esparto,
un poco de pluma y lienzo,
un poco de sal y agua;
todo el amor, todo entero.

Fin de

Los primeros días

El poema en su tiempo · IV Madurez: la oposición

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