Episodio Bergamín
Carta a Juan Ignacio Luca de Tena. 31/01/1961 Extracto
Querido amigo:
Sé que me expongo, al escribir esta carta, a no poder usar en adelante, y dirigiéndome a ti, las dos palabras con las que la encabezo. Lo sentiría, pero antes que de mis amigos he querido ser siempre amigo de la verdad. Y la verdad es que tu artículo de esta mañana en el ABC dando injusta y colérica respuesta a otro de José Bergamín publicado fuera de España, no corresponde al crédito de caballerosidad y corrección que invariablemente te veníamos otorgando cuantos te conocemos. Es un artículo brutal, una agresión lanzada contra un hombre indefenso desde posiciones de seguridad y privilegio, una delación del peor estilo.
Veintidós años después de terminada la guerra aún siguen, pues, en pie los desdichados encastamientos y discriminaciones producidos por ella y —la cosa es gravísima— aún hay alguien que puede reprochar al prójimo adversario el "mono", la pistola y las compañías terroristas sin hacer examen de conciencia y preguntarse si acaso él andaba por las mismas fechas entre los ángeles de la guarda. Te confieso que este es un punto que me exaspera particularmente, y no solo porque el reparto del drama español entre buenos y malos me parezca una injusticia o una hipocresía, sino porque creo que solo cuando los españoles hagamos historia más bien que leyenda y empleemos el humilde "nosotros" a la hora de recontar las culpas, este país tendrá ante sí algo que se parezca a un porvenir. Si nuestros antiguos antagonistas no pueden regresar a España —previa súplica a quienes disponen de la gracia del aval o, como si dijéramos, de las "llaves del reino"— más que para "gozar el regalo de tu amistad" aplaudiendo tus obras, asintiendo a tus opiniones o callándose, habré de decir que ese no es un panorama aceptable. Ni para los que habrían de sufrir la humillación ni para los que deberíamos envilecernos aceptándola.
Agravios como el que acabas de cometer no solo ofenden a un hombre inteligente, digno y merecedor de respeto como Bergamín, sino que atentan —como suele decirse— a la dignidad humana y a todos nos ofenden con él. Espero que comprendas que también a ti mismo; y que lo noble en estos casos no puede ser más que el desagravio público y la confesión sincera del error. Porque la cólera puede tener sus disculpas, pero la persistencia en el acto injusto, la posición de "no enmendalla", no las tiene y si acaso salva el honor externo suele corromper el más íntimo e importante, cosa que no puedo desear para ti ni para nadie.
Acaso me haga ilusiones y lo más cierto es que las cosas queden como tú las dejas. Debo debirte que entonces entre tu amistad —superficial acaso pero antigua— y la apenas iniciada con Bergamín, optaré por esta, porque desde hace tiempo estoy decidido a ponerme siempre junto a los que llevan la peor parte, esto es, junto a los que llevan la más honda razón, como, si no me equivoco, reza el evangelio.
Te saluda,
Dionisio Ridruejo
Carta dirigida a J.I. Luca de Tena en enero de 1961 y publicada dos meses después en el periódico Novedades de México.
Casi unas memorias, p. 375. Planeta, 1976.
https://www.ffayala.es/epistolario/carta/345/
Carta de Francisco Ayala a Dionisio Ridruejo (11/03/1961)
11 de marzo de 1961
Mi querido amigo:
El motivo inmediato de estas líneas es mi deseo de enviarle un abrazo muy cordial, a raíz de haber leído en Novedades de México la carta que dirige usted al Sr. Luca de Tena con ocasión de su ataque a Bergamín. Esa carta de usted revela, no sólo su limpieza de alma, sino algo que, en el fondo, va ligado a ella: una manera alta, noble, inteligente, generosa y digna de encarar (dándole a esta palabra todo su alcance) la situación de nuestro desdichado país, de la que el régimen, que la promovió, es exponente, y asume por triste paradoja con ello verdadero carácter representativo. El repulsivo episodio, visto desde ambos lados, revela una abyección que da ganas de echarse a llorar, y que, sin la carta de usted, sería para desesperar de España.
Durante estas semanas pasadas he tenido a usted muy constantemente en el pensamiento. Leí el número de Atlantic Monthly, y escribí para Cuadernos un artículo comentándolo, y haciendo diversas puntualizaciones, del cual he enviado copia a Jesús Prados [Arrarte] con el ruego expreso de que se le dé a conocer. Ignoro hasta la fecha si mi carta habrá llegado a su poder. Si es así, y usted ha visto ya mi artículo, se habrá dado cuenta de que dejo en él muchos puntos sueltos, algunos de ellos muy debatibles, con el propósito de suscitar polémica, que es a juicio mío lo mejor que cabe hacer en este momento, a fin de disipar turbiedades e ir preparándonos todos para los problemas "reales" y las dificultades "reales" del futuro próximo. En fin, la cuestión es que debemos, al mismo tiempo que se empuja hacia el cambio (y yo diría: cualquier cambio), evitar que nuestro pueblo sucumba a las convulsiones previsibles en las maniobras del tironeo comunista.
Termino; pues, como le decía, mi carta es sólo para enviarle un afectuoso saludo, que le ruego comunique también, de nuestra parte, a su mujer.
Suyo siempre.
[Francisco Ayala.-]
DEPÓSITO DEL ORIGINAL
Archivo de Dionisio Ridruejo, Centro Documental de la Memoria Histórica