Tranco formalista · 1939
Primer libro de amor
II · (De MEMORIAS DEL AMOR)
Retrato con palomas
Este tierno retrato con palomas
que tu candor preside y amanece,
me devuelve a los parques donde crece
el mustio ayer desnudo y sin aromas.
Entre las plumas y temblor asomas
y un amarillo viento desvanece
el hálito finísimo que mece
las alas puras que en mi vida tomas.
Te contaron los áridos estíos
con números de olor y verbo triste
y te borraron de mi voz los fríos.
Hoy tu almendro blanquísimo persiste
en este anhelo de los ojos míos
que alzaron lunas donde tú te fuiste.
Idilio en el río
Nos acercaba un denso amor de estío
en álamos de voz y puro anhelo
cuando en su sordo filo quebró el vuelo,
con angustia dichosa, un lento frío.
Sobre las aguas de metal umbrío
se adelantó la luna en ancho hielo
y abrió el silencio de apretado velo
el pulso de los remos sobre el río.
Nos anegaba el curso de las venas
con el mismo rumor de la corriente
un alma derramada y misteriosa.
Era un suspiro nuestro ser apenas
y era como un recuerdo aquel presente
cálido aún de tu penumbra hermosa.
(De RELOJ DE SONETOS POR UN DÍA DE AMOR)
Tras el dulce combate y fatigoso
que en vegetal delirio deformaba
nuestra selva de carne, levantaba
la tuya castamente su reposo.
El alba en hielo conmovido entraba
a nimbar el volumen amoroso
que en su calmada diagonal airoso
la tierra más en gloria desnudaba.
¡Qué segura esbeltez! Como cinceles
ascendían mis ojos a tu frente
que ya un sol enlazaba prematuro.
Yo penetraba con mis brazos fieles
la penumbra de ti resplandeciente,
hechos laurel hacia tu mármol puro.
(De EL DOLORIDO SENTIR)
La pregunta
En el camino recto y amparado
por riberas de trigo adolescente,
íbamos juntos, cada cual ausente,
juntos en otro reino entresoñado.
El aire vagamente atormentado
consolaba la niebla del poniente
desordenando luz sobre tu frente
y vistiendo tu paso aligerado.
Loca y grave, con voz de primavera,
la palabra en tus labios extrañada
citó al amor para su sed primera.
Y brotaste de ti, como una espada
desnuda, repentina, verdadera,
como yo te vivía y te pensaba.
Fin de
Primer libro de amor
El poema en su tiempo · II Juventud: la Falange